martes, 5 de agosto de 2008

Raíces


Mi historia no trata de odiseas en el desierto, ni de peligros en la selva, sino que de algo mucho más simple, cotidiano para muchos, y desconocido para otros.
Mi historia cuenta sobre el reencuentro con mi esencia; mi gente, mis lugares, mis recuerdos. En el fondo con mis raíces. Mi reencuentro con Chile.

Hace 6 años que no veo cotidianamente el cielo azulado que me vió nacer; el mar que me bañaba, la blanca y majestuosa montaña de la que habla nuestro Himno Nacional. Hace 6 años que no escucho el sonido del heladero haciendo ruido con su cono, vestido de blanco, y con una caja en la espalda.
Si hasta se me había olvidado como sonaban las peleas de gatos en los techos de las casas. Pero lo que realmente extrañaba, aunque parezca ridículo, es el sonido de un perro ladrando a lo lejos, muy a lo lejos, cuando la noche es totalmente muda, y que ese ladrido se empiece a multiplicar y a ser cada vez más cercano y caótico a medida que más perros se suman a este maravilloso y bizarro coro. De pronto, un barrio entero de perros está ladrando, gritándose cosas de una casa a otra, quizás de un bando a otro.........quién sabe que se dicen entre ellos en este motín canino.


Extrañaba lo generosa que es la gente con su sonrisa, puede ser que en una hora en Chile, recibas de regalo más sonrisas totalmente gratuitas y desinteresadas que en toda una vida en algún país de Europa, que es donde resido. Mi afán no es comparar, ni idealizar la imagen de mi país, sólo dejo fluir sin tapujos lo que sentí al dormir y despertar nuevamente en mi "hogar".


Dicen que cuando uno no tiene algo, aprende a apreciarlo, pero en realidad habría que ser ciego o inerte para no apreciar una puesta de sol en verano y no sentir que el tiempo corre a la mitad de su velocidad. Para no deslumbrarse con la belleza inexplicable de Valparaíso y a la vez sentir remordimiento por la pobreza que cae por sus cerros. Para darte cuenta como tus padres envejecieron de golpe y no sentir impotencia, porque no se lo merecen.

Estoy caminando otra vez por las calles en las que di mis primeros pasos y donde también me caí ya no recuerdo cuantas veces, viendo a la misma gente que siempre ví. Algunos estan exactamente iguales, y otros, menos amigos del tiempo, no tanto. ¿ Que pensará esa gente de mí?, ¿me recordarán también cuando me ven pasar?, ¿o acaso ya no formo parte del paisaje de mi barrio?, son preguntas que seguramente están de más, pero al estar caminando nuevamente por estas calles no puedo evitar hacerlas. Lo único que sé, es que no existe ningún otro lugar en el mundo, en donde me sienta mas cómodo que aquí.


En realidad no se si esto lo debería leer más gente, porque es algo tan íntimo como mis costillas, pero a la vez es algo tan universal y antiguo como el ser humano mismo, es lo que siente un hombre cuando vuelve a su tierra, a su principio y final, cuando uno se da cuenta que de verdad existen lazos que hasta el día de hoy nadie se ha molestado en ponerle un nombre; es un lazo entre la tierra y tus pies, entre la gente de un lugar y tu alma, una conexión tan fuerte y vital que solamente llamaré "raíces".


Roberto López - 07/04/2008 (volando sobre el Océano Atlantico)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Roberto

escribes muy lindo la verdad,me siento muy identificada con tus comentarios ,,sigue asi...

un saludo


Lorena Toledo

Barcelona ,España